REFLEXIONANDO EL MIEDO
Todos sentimos miedo, una emoción básica que su función principal es protegernos y ayudarnos a estar más alerta ante un posible peligro. Nos prepara para huir o atacar y para esto necesita que ciertas funciones del cuerpo estén a tope y por eso aumenta la presión arterial, la velocidad del metabolismo, la tensión muscular… y la secreción de ciertas sustancias que si se alargan en el tiempo pueden acabar siendo tóxicas como la hormona del estrés. Así que, lo que en principio es para ayudarnos, se puede volver en nuestra contra si se instala en nosotros y se acaba volviendo una manera de vivir y una fuente de estrés continuada.
Esta viñeta de Snoopy me encanta porque muestra dos formas de vivir la misma realidad:
En ella Charlie está enfocado en el miedo, y Snoopy en una realidad más amplia que además da una clave a su amigo para resituarlo. Por un lado el reconocimiento: “cierto Charlie” (un día vamos a morir y eso asusta) y por otro, le abre una perspectiva mucho más amplia y saludable de esa misma realidad: “pero los otros días no” (y si te centras en esto, podrás disfrutarlos en lugar de esperar temeroso). ¿No te parece genial?
El miedo y lo digo en singular porque todos los miedos que tenemos tienen que ver con unos pocos miedos básicos más profundos (miedo a morir, a la soledad, al sufrimiento…) y porque la sensación de miedo es una sola, no existe una diferencia entre un miedo real y uno imaginario, entre un miedo a nadar y un miedo a la soledad, biológica y emocionalmente se viven de forma muy similar, si no igual. El miedo, como todas las emociones, sigue una secuencia lógica y automática: PIENSO-SIENTO-REACCIONO en sintonía con esa emoción. Así que, si pienso en algo que me asusta, eso me genera un sentimiento de miedo, que hace que me contraiga, se acelere mi respiración, el corazón vaya más deprisa… eso hace que engrose el pensamiento, probablemente haciendo “futuribles” peores aún, que me hacen sentir más miedo y reaccionar con más angustia, que me cueste respirar… ¡PARA! Conecta con la respiración, céntrate únicamente en respirar, en como el aire entra y sale del cuerpo y date cuenta que has entrado en la “cadena lógica del miedo” y que estás funcionando en automático. Hay que salir del bucle haciendo algo que la mente no pueda asociar al miedo. Has de distraerla, romperle el esquema: ponte un monólogo de risa, una peli divertida (nada de suspense, thrillers ni por supuesto miedo), pinta un mandala o un dibujo cualquiera, haz una actividad creativa que te guste, juega con niños, ponte música y baila, canta… aunque no te apetezca hazlo, saldrás de ese círculo en el que te has quedado atrapado y podrás reconducir la situación hacia otra más calma y más saludable. Crea espacios fuera del miedo que te ayuden a desconectar y coger un poco de perspectiva, toma consciencia.
Para liberar y traspasar el miedo hay que abrazarlo, todos necesitamos aceptación y reconocimiento y nuestras emociones también. Necesitan ser abrazadas con suficiente fuerza como para que se sientan reconfortadas y lo suficientemente suave como para que puedan soltarse después.
Reconocerlo y aceptarlo es rendirnos a él y cuando me rindo, reconozco mi vulnerabilidad y eso libera parte de la intensidad igual que pasa con el vapor de una olla exprés, aceptar abre una válvula que deja salir intensidad emocional.
Termino esta reflexión con la convicción de que son la conciencia, la presencia y la conexión con uno mismo, las mejores aliadas para transitar los miedos más profundos y llevarlos a un estado de calma y de liberación total y que la meditación es la herramienta que lo facilita.
Gracias por leerme,
Mònica


Maravillosa explicación maravillosa reflexión... Como siempre, querida amiga, me quito el sombrero.😘
ResponderEliminarMil gracias!! como no me sale tu nombre no sé quién eres pero alguien querido seguro. Agradezco infinito tus palabras. MUAK!!
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