¿TE PERDONO?

Para la mayoría es muy complicado perdonar, creemos que el culpable no lo merece: “¿Cómo voy a perdonarle? ¿sabes el daño que me hizo? ¿lo mal que lo he pasado o estoy pasando por su culpa?”.

Perdonar no significa quitarle responsabilidad de lo que hizo a la otra persona, tiene que ver con uno mismo y con la elección que hago para dejar atrás todas las emociones dolorosas que siguen vivas en aquello que pasó. Nos cuesta perdonar porque tenemos la errada creencia de que perdonar al otro es como “darle la razón” de alguna manera, o restarle importancia a eso que nos ha causado dolor y sufrimiento, y nada más lejos de la realidad. 

No perdonar supone seguir atado a esa persona y darle permiso para que nos siga haciendo daño. Sigue teniendo poder en nosotros, seguimos aferrados a lo que pasó y a ese sentimiento tan negativo que nos produce recordarlo.

El perdón libera a quien perdona y no a quien es perdonado. 


Lo que realmente estamos diciendo al perdonar es “no pienso sufrir más por algo que has hecho tú, allá tú con tu conciencia; no vas a seguir teniendo poder en mi”. 
Es la persona perdonada la que tendrá que lidiar con su conducta y su conciencia sobre lo ocurrido si la tiene, porque también puede ser que no tenga ningún tipo de remordimiento, o que, crea que lo que ha hecho es lo mejor o lo más justo, o incluso que no tenga ni idea de que ha hecho algo que te ha dañado.

¿Es posible perdonar en cualquier momento? Mi respuesta es no. El perdón como el duelo necesita de su tiempo y su proceso, tiene su momento que dependerá de cada uno y del tipo de experiencia.

Hace poco leí que “no hay perdón sin rabia” y estoy de acuerdo. Si algo me ha causado dolor, me he sentido ofendida, humillada o lo que sea, es muy difícil perdonarlo si primero no me he dado permiso para enfadarme, si no dejo salir la rabia que siento y no hablo de venganza, hablo de dejarla salir de manera que no sea perjudicial ni para mí ni para nadie.
En algunos hechos traumáticos, es esencial hacerlo para poder perdonar y perdonarse, abandonar la culpa (si la hay) y dejar de ser víctima de la situación para seguir adelante sin ataduras con un pasado doloroso. Volver a ser libres.
Tan importante como el perdón al otro es el perdón a uno mismo. Es necesario perdonarnos por dejar que nos hicieran daño, por permitir que nos trataran mal, que nos humillaran o lo que sea. 
Perdonarse a uno mismo sana la culpa y el victimismo.

Por último déjame matizar que dejar atrás el pasado no es olvidarlo, es que deje de hacernos daño y de ser un impedimento para seguir adelante. Puedes condenar esa conducta o hecho y perdonarlo, liberarte de ese dolor permanente que se encapsula en alguna parte de tu cuerpo y de tu mente y ser libre de verdad, sin sentirte atado al odio, la rabia o el resentimiento que son emociones que actúan en el recipiente que las contienen, o sea, tú y no el otro.

Por eso es tan catalizador el perdón porque libera, deshace nudos internos y nos aligera de un peso que llevamos. Nos oxigena física, mental y emocionalmente.


Mònica G.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LA CABRA... ¿TIRA AL MONTE?

AMA-BILIDAD

¿SALTAS O TE CUECES?